Tosco y empedrado,
al caminar te transformas.
Que difícil resulta,
un paso más en la marcha.
Que cansancio
llena hoy su alma.
Agrietadas manos,
fundidas a un bastón,
se aferran a la vida,
cual capitán a timón.
Torturados sus pies,
lloran y suplican,
un poco de sosiego,
pero el viento caprichoso
enmudece su lamentos.
Enmascaradas,
por la polvorienta tierra,
llagas ensangrentadas,
surgen de ellos
como grito de auxilio.
No pueden entender,
porqué tanto maltrato,
y aunque imposible,
frenar la marcha intentan.
Doblegan sus temblorosas rodillas,
pero con aplomo y firmeza
del suelo se levanta,
como árbol
anclado a sus raíces.
De su osado pecho,
la fuerza,
el coraje,
para poder afrontar
este escabroso viaje.
Enajenada su mente,
ignora todo argumento.
Mentirosa dictadora,
que obliga continuar
este tormento.
Esclavizado y servil cuerpo,
que avanza cual Nazareno,
siguiendo su paso,
buscando su estela,
arrastrándose tras ella.
Sus ojos ahumados,
aunque abiertos ciegos,
no consiguen divisar,
lo que tanto ansiaban encontrar.
Buscándola insaciablemente,
sin parar a descansar,
no han visto por el camino,
que la dejaban marchar.
Se le acababa su tiempo,
poco a poco se perdía,
su alma por el sendero,
aquel que tanto quería.
Envejeció buscándola,
La perdió una y mil veces,
Porque nunca entendió,
que en sus manos la tenía,
que en su alma se encontraba,
que en su pecho se moría.
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